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La tradición de que la novia lleve flores cuando va a contraer nupcias no es reciente, de hecho, según se ha llegado a rastrear, esto comenzó en antiguas civilizaciones, aunque el uso y significado era muy diferente.

Las antiguas novias solían llevar a los altares y zonas donde celebraban la unión con su pareja hierbas aromáticas como eneldo, tomillo o incluso ajo, pues en sus creencias, estos aromas alejaban a los malos espíritus que podían maldecir la unión y atraía la buena suerte para completar la felicidad de la nueva pareja.

Tanto novios como novias podían portar las plantas, por ejemplo, en Roma y Grecia era la tradición de ramos de novia se les colocara collares con especias o plantas aromáticas, como una forma brindar fertilidad a la pareja y augurar un buen por venir. Cada planta simbolizaba una bendición en específica: la hiedra o planta de enredadera se usaba para que la unión durara mucho, los ramos de naranjo en flor simbolizaban la pureza, etc.

Con el tiempo, la tradición fue modificándose, cambiando las hierbas aromáticas por flores que se asemejaran, ya fuera por el color, el aroma o el símbolo que le otorgaban. Una de las más comunes y recomendadas para usar son las flores de azahar, pues según se cree, fue uno de los primeros tipos de flor que se usó para sustituir las hierbas aromáticas por su aroma.

Fue gracias a la Edad Media y su falta de higiene lo que llevo a usar más y más las flores y derivar en el cambio definitivo de las hierbas aromáticas por la flores, aunque la razón fue en esencia para ocultar los malos olores durante una celebración y más durante las épocas de calor cuando los aromas desagradables se intensificaban.

Con el tiempo y gracias a que el significado de las flores se popularizó, las novias decidieron quedarse con esta tradición e incluso relacionarla con otras, como ofrecer un ramo de flores naturales a alguna imagen religiosa o aventarlo durante el tradicional “lanzamiento de ramo”, pero esa es historia para otra ocasión.